Coaliciones tarsales: síntomas, causas y diagnóstico
Especialistas en coaliciones tarsales en Albacete
Las coaliciones tarsales son una alteración del desarrollo del pie en la que dos o más huesos del tarso permanecen unidos de forma anormal desde el nacimiento.
Aunque esta unión está presente desde la etapa embrionaria, muchas personas no presentan síntomas durante la infancia y desconocen que la padecen hasta la adolescencia o incluso la edad adulta.
Cuando la coalición limita el movimiento normal de las articulaciones del pie, pueden aparecer dolor, rigidez, esguinces repetidos o dificultad para practicar deporte.
En otros pacientes, el diagnóstico se realiza de forma casual al solicitar una radiografía o una resonancia por otro motivo.
En CliniSalud Albacete, el Dr. Alfredo Soriano, Doctor en Podología y cirujano podólogo, realiza el diagnóstico de las coaliciones tarsales mediante una valoración clínica completa y las pruebas de imagen más adecuadas para determinar el tipo de coalición, su repercusión funcional y el tratamiento más indicado para cada paciente.
¿Qué son las
coaliciones tarsales?
Las coaliciones tarsales son una alteración congénita del pie en la que dos huesos del tarso quedan unidos entre sí por tejido óseo, cartilaginoso o fibroso, cuando lo normal sería que existiera una articulación con movilidad independiente.
Esta unión limita el movimiento fisiológico entre ambos huesos y modifica el funcionamiento normal del retropié. Como consecuencia, otras articulaciones deben compensar esa falta de movilidad, aumentando la sobrecarga mecánica y favoreciendo la aparición de dolor o lesiones con el paso del tiempo.
Aunque están presentes desde el nacimiento, las coaliciones tarsales no siempre producen síntomas. En muchos casos permanecen ocultas durante años y solo se manifiestan cuando la coalición comienza a osificarse o cuando aumenta la demanda funcional del pie durante el crecimiento o la práctica deportiva.
¿Por qué algunas personas
no saben que tienen una coalición tarsal?
Una de las características más llamativas de esta patología es que muchas personas conviven con ella durante años sin ser conscientes de su existencia.
Esto ocurre porque, en la infancia, muchas coaliciones están formadas por tejido fibroso o cartilaginoso, lo que permite conservar parte de la movilidad entre los huesos afectados.
Con el crecimiento, esa unión puede hacerse más rígida e incluso transformarse en una conexión ósea completa. Es entonces cuando el pie pierde capacidad de adaptación al terreno y comienzan a aparecer síntomas que hasta ese momento no existían.
Por este motivo, es habitual que el diagnóstico se realice entre los 8 y los 16 años, aunque algunas personas no presentan molestias hasta la edad adulta, especialmente cuando aumentan su actividad física o sufren un traumatismo que pone de manifiesto una limitación funcional previa.
¿Qué huesos pueden
verse afectados?
Las coaliciones pueden aparecer entre diferentes huesos del tarso, aunque la gran mayoría afectan a dos articulaciones concretas.
Las más frecuentes son:
💠 Coalición calcaneoescafoidea, entre el calcáneo y el escafoides tarsiano.
💠 Coalición talocalcánea, entre el astrágalo y el calcáneo.
Entre ambas representan aproximadamente el 90 % de todas las coaliciones tarsales.
Con mucha menor frecuencia pueden aparecer uniones entre otros huesos del tarso, como las articulaciones calcaneocuboideas, astragaloescafoideas o cuneiformes.
El tipo de coalición condiciona tanto los síntomas como el tratamiento y el pronóstico.
Tipos de
coaliciones tarsales
Desde el punto de vista anatómico, las coaliciones pueden clasificarse según el tejido que une ambos huesos.
⬛ Coalición fibrosa
Los huesos permanecen unidos mediante tejido fibroso.
Suele conservar cierta movilidad y, en ocasiones, puede permanecer asintomática durante muchos años.
⬛ Coalición cartilaginosa
La unión está formada por cartílago.
Produce una limitación funcional mayor que la fibrosa y puede comenzar a dar síntomas durante la adolescencia.
⬛ Coalición ósea
Es la forma más rígida.
Los dos huesos aparecen completamente fusionados, eliminando prácticamente el movimiento de la articulación afectada y aumentando la sobrecarga sobre el resto del pie.
¿Con qué frecuencia aparecen?
Las coaliciones tarsales son poco frecuentes, aunque probablemente estén infradiagnosticadas.
Se estima que afectan aproximadamente al 1-2 % de la población, aunque algunos estudios encuentran cifras ligeramente superiores cuando se realizan pruebas de imagen de forma sistemática.
En torno al 50 % de los pacientes presentan la alteración en ambos pies, aunque no siempre provoca síntomas con la misma intensidad en cada uno de ellos.
¿Por qué se producen
las coaliciones tarsales?
Las coaliciones tarsales tienen un origen congénito, es decir, están presentes desde el nacimiento como consecuencia de una alteración en el desarrollo embrionario del pie.
Durante la formación del esqueleto fetal, los huesos del tarso deben separarse correctamente para formar articulaciones independientes. Cuando este proceso no se completa, dos huesos permanecen unidos por tejido fibroso, cartilaginoso o óseo, dando lugar a una coalición tarsal.
Aunque la alteración existe desde el nacimiento, la mayoría de los pacientes no presentan síntomas durante los primeros años de vida. Esto explica que muchas coaliciones no se diagnostiquen hasta la infancia tardía, la adolescencia o incluso la edad adulta.
En algunos casos existe un componente hereditario, por lo que no es raro encontrar antecedentes familiares de pie plano rígido, limitación de movilidad del pie o coaliciones tarsales.
Factores que favorecen
la aparición de síntomas
La coalición no cambia con el tiempo, pero sí lo hace la forma en que el pie responde a ella.
Existen diferentes circunstancias que pueden hacer que una coalición previamente asintomática comience a producir molestias:
👣 Crecimiento durante la infancia y la adolescencia.
👣 Osificación progresiva de la coalición.
👣 Incremento de la actividad deportiva.
👣 Traumatismos o esguinces de tobillo.
👣 Sobrecargas repetidas del pie.
👣 Actividades laborales que obligan a permanecer muchas horas de pie.
👣 Cambios biomecánicos relacionados con otras deformidades del pie.
En muchos pacientes no existe un desencadenante claro y los síntomas aparecen de forma progresiva.
Síntomas de las
coaliciones tarsales
La intensidad de los síntomas varía considerablemente de un paciente a otro.
Mientras algunas personas nunca presentan molestias, otras desarrollan dolor persistente que limita la actividad física y la marcha.
Los síntomas más habituales son:
🟩 Dolor en la parte interna o externa del pie, especialmente tras caminar o practicar deporte.
🟩 Rigidez del retropié y sensación de que el pie «no gira» correctamente.
🟩 Disminución de la movilidad del tobillo y del retropié.
🟩 Esguinces de tobillo repetidos.
🟩 Fatiga al caminar o permanecer mucho tiempo de pie.
🟩 Pie plano rígido.
🟩 Dificultad para caminar sobre terrenos irregulares.
🟩 Molestias que aumentan con la actividad física y mejoran con el reposo.
En los niños y adolescentes, uno de los signos más característicos es la pérdida progresiva de movilidad del retropié asociada a dolor tras el ejercicio.
¿Dónde suele doler
una coalición tarsal?
La localización del dolor depende del tipo de coalición.
→ En la coalición calcaneoescafoidea, el dolor suele localizarse en la parte externa y anterior del tobillo o del retropié.
→ En cambio, la coalición talocalcánea produce con mayor frecuencia dolor profundo bajo el tobillo, alrededor de la articulación subastragalina o en la cara interna del retropié.
A medida que la movilidad disminuye, otras articulaciones del pie comienzan a soportar una mayor carga, por lo que también pueden aparecer molestias en el mediopié o incluso en el tobillo.
¿Cómo afecta la coalición
a la forma de caminar?
La movilidad del retropié es fundamental para adaptarse a las irregularidades del terreno y distribuir correctamente las cargas durante la marcha.
Cuando dos huesos permanecen unidos de forma anómala, esa capacidad de adaptación disminuye.
Como consecuencia, el pie pierde parte de su elasticidad y otras articulaciones deben compensar esa falta de movimiento.
Con el paso del tiempo pueden aparecer:
» Alteraciones de la pisada.
» Sobrecarga muscular.
» Mayor desgaste articular.
» Tendinopatías.
» Esguinces repetidos.
» Fatiga precoz al caminar.
👉 Por este motivo, el estudio funcional del pie resulta tan importante como la propia prueba de imagen.
¿Qué ocurre si una
coalición tarsal no se trata?
No todas las coaliciones necesitan tratamiento.
Cuando son asintomáticas, muchas personas pueden convivir con ellas sin presentar limitaciones importantes.
Sin embargo, cuando existe dolor o pérdida de movilidad, la falta de tratamiento puede favorecer la aparición de problemas secundarios como:
- Rigidez progresiva del retropié.
- Limitación funcional.
- Dolor crónico.
- Esguinces repetidos.
- Sobrecarga de otras articulaciones del pie.
- Desgaste precoz de la articulación subastragalina.
- Dificultad para realizar actividad deportiva.
Por ello, ante molestias persistentes o limitación funcional, resulta recomendable realizar una valoración especializada para determinar si la coalición está siendo realmente la causa de los síntomas.
¿Las coaliciones tarsales
siempre producen pie plano?
No.
Aunque muchas coaliciones se asocian a un pie plano rígido, no todos los pacientes presentan esta deformidad.
En algunos casos el arco plantar apenas se modifica y el único síntoma es el dolor durante la actividad física o la rigidez del retropié.
Esto explica por qué el diagnóstico no puede basarse únicamente en la forma del pie, sino que debe incluir una exploración clínica completa y las pruebas de imagen adecuadas.
¿Cómo se diagnostican
las coaliciones tarsales?
El diagnóstico de una coalición tarsal combina la historia clínica, la exploración física y las pruebas de imagen.
Muchas personas consultan inicialmente por dolor en el pie, esguinces de repetición o dificultad para realizar determinadas actividades deportivas sin saber que la causa puede ser una alteración congénita presente desde el nacimiento.
Por ello, no basta con realizar una radiografía. Es necesario valorar la movilidad del pie, la biomecánica de la marcha y la repercusión funcional que está produciendo la coalición.
En CliniSalud, el estudio comienza siempre con una valoración clínica completa para determinar si la coalición es realmente la responsable de los síntomas o si existe otra patología asociada.
⬛ Exploración clínica
La exploración física aporta una gran cantidad de información antes incluso de solicitar pruebas de imagen.
Durante la consulta se evalúan aspectos como:
- Movilidad del retropié.
- Movimiento de la articulación subastragalina.
- Presencia de pie plano rígido.
- Localización exacta del dolor.
- Existencia de contractura del tendón de Aquiles.
- Estabilidad ligamentosa.
- Alteraciones de la marcha.
- Desgaste del calzado.
- Limitaciones para caminar o practicar deporte.
Uno de los hallazgos más característicos es la disminución de la movilidad del retropié durante los movimientos de inversión y eversión, especialmente en pacientes jóvenes.
⬛ Tomografía computarizada (TAC)
La tomografía computarizada constituye la prueba de referencia para estudiar las coaliciones tarsales de origen óseo.
Permite visualizar con gran precisión:
- La localización exacta de la coalición.
- Su extensión.
- El grado de fusión entre ambos huesos.
- La anatomía de las articulaciones vecinas.
- Posibles cambios degenerativos asociados.
Esta información resulta especialmente importante cuando posteriormente debe planificarse un tratamiento quirúrgico.
⬛ Radiografía
La radiografía suele ser la primera prueba de imagen que se solicita.
En muchos casos permite identificar directamente la coalición o detectar signos indirectos que hacen sospechar su presencia.
La coalición calcaneoescafoidea suele visualizarse con relativa facilidad mediante proyecciones específicas.
Sin embargo, las coaliciones talocalcáneas pueden pasar desapercibidas en radiografías convencionales, especialmente cuando la unión todavía no está completamente osificada.
Por este motivo, una radiografía normal no siempre descarta la enfermedad.
⬛ Resonancia magnética
La resonancia magnética resulta especialmente útil cuando la coalición todavía no está completamente osificada.
Permite identificar uniones fibrosas o cartilaginosas que pueden no apreciarse en la radiografía o incluso en algunos estudios de TAC.
Además, proporciona información sobre:
- Edema óseo.
- Inflamación articular.
- Estado del cartílago.
- Tendones y ligamentos vecinos.
- Lesiones asociadas.
Por ello, suele solicitarse cuando persisten las dudas diagnósticas o se sospechan lesiones adicionales.
¿La ecografía sirve para diagnosticar una coalición tarsal?
La ecografía musculoesquelética es una herramienta muy útil para estudiar tendones, músculos, ligamentos y muchas lesiones del pie.
Sin embargo, no es la prueba de elección para diagnosticar una coalición tarsal.
Su principal utilidad consiste en valorar lesiones asociadas que pueden coexistir con la coalición, como tendinopatías, bursitis o inflamación de los tejidos blandos.
El diagnóstico definitivo de una coalición requiere habitualmente radiografía, TAC o resonancia magnética, dependiendo del tipo de unión existente entre los huesos.
Diagnóstico diferencial
Las coaliciones tarsales pueden producir síntomas similares a los de otras patologías del pie y del tobillo.
Entre las enfermedades con las que deben diferenciarse destacan:
✅ Esguinces crónicos de tobillo.
✅ Tendinopatía del tibial posterior.
✅ Tendinitis de los peroneos.
✅ Pie plano adquirido del adulto.
✅ Fracturas por estrés del calcáneo.
✅ Osteocondritis del astrágalo.
✅ Enfermedad de Sever en niños.
✅ Artrosis de la articulación subastragalina.
✅ Síndrome del seno del tarso.
Una valoración clínica completa permite orientar el diagnóstico y solicitar únicamente las pruebas de imagen realmente necesarias.
¿Cuál es el pronóstico?
El pronóstico depende de varios factores:
- Tipo de coalición.
- Edad del paciente.
- Grado de rigidez.
- Tiempo de evolución.
- Presencia de artrosis asociada.
- Nivel de actividad física.
Muchos pacientes pueden desarrollar una vida completamente normal cuando el diagnóstico se realiza de forma precoz y el tratamiento se adapta a sus necesidades funcionales.
En otros casos, especialmente cuando existe una limitación importante de la movilidad o dolor persistente, puede ser necesario plantear otras alternativas terapéuticas para recuperar la función del pie.
¿Tienen tratamiento
las coaliciones tarsales?
Sí.
El tratamiento depende de múltiples factores, entre ellos la edad del paciente, el tipo de coalición, el grado de rigidez, la intensidad de los síntomas y la repercusión funcional que produce en la vida diaria o durante la práctica deportiva.
Mientras que algunos pacientes mejoran con medidas conservadoras, otros pueden requerir cirugía cuando el dolor persiste o existe una limitación importante de la movilidad.
En la página específica sobre el tratamiento de las coaliciones tarsales explicamos detalladamente todas las opciones terapéuticas, cuándo está indicada cada una y cómo se planifica la recuperación tras el tratamiento.
¿Es lo mismo una coalición tarsal
que un pie plano?
No.
Aunque ambas alteraciones pueden coexistir, no son la misma enfermedad.
→ La coalición tarsal es una unión anómala entre dos huesos del tarso que limita el movimiento del retropié.
→ El pie plano describe una disminución del arco plantar, que puede tener múltiples causas y no siempre está relacionada con una coalición.
Cuando una coalición limita la movilidad del retropié, el pie puede adoptar una posición más plana para compensar la falta de movimiento. En estos casos hablamos de un pie plano rígido, una situación diferente al pie plano flexible que presentan muchos niños y adultos.
Distinguir ambas patologías es importante porque el tratamiento puede ser completamente distinto.
¿Cuándo conviene
consultar con un especialista?
Es recomendable solicitar una valoración cuando aparezca cualquiera de estas situaciones:
- Dolor persistente en el pie sin una causa aparente.
- Esguinces de tobillo repetidos.
- Rigidez del retropié.
- Dificultad para caminar por terrenos irregulares.
- Dolor al practicar deporte.
- Pie plano rígido.
- Limitación progresiva de la movilidad.
- Molestias que no mejoran con el tratamiento habitual.
Un diagnóstico precoz permite identificar la causa del problema y establecer el tratamiento más adecuado antes de que aparezcan alteraciones secundarias en otras articulaciones del pie.
Preguntas Frecuentes
–sobre las coaliciones tarsales
¿Las coaliciones tarsales son hereditarias?
Sí, existe un componente genético importante. Aunque no todas las personas con antecedentes familiares desarrollarán síntomas, es frecuente encontrar varios casos dentro de una misma familia. La alteración se produce durante el desarrollo embrionario y está presente desde el nacimiento.
¿Las coaliciones tarsales siempre afectan a los dos pies?
No siempre, aunque ocurre con bastante frecuencia. Aproximadamente la mitad de los pacientes presentan coaliciones bilaterales, aunque los síntomas pueden aparecer únicamente en un pie o ser mucho más intensos en uno de ellos.
¿A qué edad suelen dar síntomas las coaliciones tarsales?
La mayoría comienzan a manifestarse entre los 8 y los 16 años, coincidiendo con la maduración y osificación progresiva de la coalición. No obstante, algunas personas permanecen asintomáticas hasta la edad adulta.
¿Se pueden practicar deportes teniendo una coalición tarsal?
Depende del tipo de coalición y de la intensidad de los síntomas. Muchas personas realizan actividad física sin limitaciones, mientras que otras necesitan adaptar el entrenamiento cuando aparece dolor o rigidez. La valoración individual permite establecer qué actividades son más adecuadas en cada caso.
¿Una coalición tarsal puede confundirse con un esguince?
Sí. De hecho, muchos pacientes consultan inicialmente por esguinces repetidos o dolor persistente tras una torcedura de tobillo, cuando la causa real es una coalición que limita la movilidad normal del retropié.
¿Las coaliciones tarsales empeoran con la edad?
No necesariamente. La coalición está presente desde el nacimiento y no «crece» con el tiempo. Sin embargo, la pérdida progresiva de movilidad y la sobrecarga de otras articulaciones pueden hacer que los síntomas aumenten si no se realiza un seguimiento adecuado.
¿Puede desaparecer una coalición tarsal por sí sola?
No. Al tratarse de una alteración congénita del desarrollo óseo, la coalición no desaparece espontáneamente. Lo que sí puede variar es la intensidad de los síntomas a lo largo de la vida.
¿Las coaliciones tarsales producen artrosis?
No de forma inmediata, pero la limitación de movilidad puede aumentar la carga sobre otras articulaciones del pie y favorecer un desgaste precoz con el paso de los años en algunos pacientes.
¿Es una enfermedad frecuente?
No. Se considera una alteración relativamente poco frecuente, con una prevalencia aproximada del 1-2 % de la población, aunque probablemente existan casos que nunca llegan a diagnosticarse porque no producen síntomas.
¿Siempre es necesario operar una coalición tarsal?
No. Muchas personas mejoran con tratamiento conservador y nunca necesitan cirugía. La decisión depende del tipo de coalición, la intensidad del dolor, la limitación funcional y la respuesta al tratamiento inicial.
Las diferentes opciones terapéuticas se explican en detalle en la página dedicada al tratamiento de las coaliciones tarsales.
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Fuentes y guías clínicas de referencia:
Revisión médica y autoría.
Artículo revisado por el Dr. Alfredo Soriano Medrano, Podólogo, Enfermero y Doctor en Podología, colegiado nº 838020179. A lo largo de su trayectoria ha unido la atención clínica, la cirugía del pie, la docencia, la investigación y la divulgación sanitaria. Dirige CliniSalud, clínica podológica de referencia en Albacete con experiencia específica en podología infantil y atención al pie en crecimiento.
